creo que las palabras, en el aspecto metafísico, sirven para
que nosotros, pobres, atrapados entre ellas, podamos alinear nuestro sentir
interno con el cósmico, con el que nos queremos conectar. Es como llamar el
sentimiento a la superficie. Por eso he tomado la costumbre de pronunciar “gracias”,
cuando el abismo cotidiano momentáneamente se insufla de familiaridad, y exhala
algo entre lo cual el horror disminuye, e incluso permite figurarse una vaga
noción de ataraxia.
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