alguien que es un malthusiano que se toma en serio la
propuesta de Swift. Alguien que cree que el antinatalismo desborda las páginas
del horror ontológico contemporáneo para perfilarse como una filosofía válida y
necesaria. Alguien que comparte con Fernando Vallejo la idea de la reproducción humana como un crimen (sin toda la demás peroratería inútil y monótona). Alguien que
detesta a las personas por su potencial desperdiciado. Alguien a quien zahiere
eso que los demás nunca sabrán que los lastima y disminuye. Alguien compasivo.
Dispepsia
miércoles, 28 de diciembre de 2016
miércoles, 4 de mayo de 2016
la irregular serie de televisión Orphan Black presenta el culto Neolution, en el que sus miembros
pretenden dirigir sus propios procesos evolutivos mediante modificaciones
físicas conseguidas a partir de injertos o afinamientos genéticos. Es una buena
síntesis de la histeria del “post-humanismo” y otras necedades por el estilo.
Recientemente el profesor de ciencia cognitiva Donald D. Hoffman apareció en
una publicación gringa hablando de cómo la ilusión de la realidad deviene de un
hecho evolutivo que de cierta forma niega un axioma darwiniano: que aquellos
individuos que mejor observaban y conocían la realidad fueron los más aptos
para sobrevivir y transmitir su información genética. El giro de Hoffman es que
la evolución nos condicionó para sólo poder observar aquello que es vital para
nuestra supervivencia. Según esto, se podría creer que el hombre primitivo percibía
una realidad diferente a su alrededor, que veía cosas que poco a poco fueron
difuminándose hasta terminar anegadas por las tinieblas de nuestra actual
consciencia. Así, los freaks del Neolution quedan igual de desposeídos y
privados que cualquier otro mortal, pues si la evolución responde a necesidades
basadas en una realidad a la que no podemos acceder, nunca podrá la consciencia
humana tomar las riendas de su “mejoramiento”. Ya el concepto de materia oscura
y la mirada frenética de los gatos hacia espacios “vacíos” nos hablaban de lo
inasequible.
También me parece que esto resulta estimulante para una imaginación lovecraftiana: personas primitivas con la capacidad de observar jirones de realidad ahora inconcebibles, incluyendo seres incomprensibles cuya fisionomía desbordaba las posibilidades del entendimiento tal como lo entendemos. Estos pobres ancestros tuvieron una vida corta y azarosa, perplejos y petrificados ante las ahora desvanecidas tonalidades de crepúsculos de una refulgencia inverosímil, ante los diferentes sonidos de los diferentes silencios rozándose, ante los entes que pululaban entre dos miradas que se buscaban entre esa multitud, ahora descorporizada y acallada. Esta ascendencia asolada por la saturación recibida a través de unos sentidos aún en proceso de calibrar la relación entre mente y cuerpo se eliminó a sí misma: agotada y desquiciada marchó colectivamente hacia el abismo. Sólo la nada les trajo paz. Sólo quedaron los miopes, los medio sordos, medio cretinos. Nosotros. La humanidad recibió con alivio la estulticia paulatina que le permitió ver sólo las flores, las hojas y los pájaros en el árbol. No lo demás
jueves, 21 de abril de 2016
Blanqui, desde luego, estaba en
lo cierto. Un universo alterno se crea a cada femtosegundo, debido a algún
estado particular de consciencia en cada uno de los individuos existentes, a
cada minúscula bifurcación en donde lo que es genera un negativo. El colapso de
la función de onda en los sistemas microscópicos es un croquis del cosmos
oculto; el principio es el mismo. La expansión del universo se debe al empuje
de esa frenética proliferación de existencias, de la misma forma en que la
grasa estira la piel de alguien que engorda. Es menester, entonces, clasificar
el pensamiento en dos grandes vertientes; el primero es el pensamiento propio
al universo en el que se da, con todas las sub-categorías kantianas, peircianas
y demás. La segunda consiste en aquellas proyecciones que hacemos de nosotros
mismos en alguna situación deseada o temida. Se tratan de atisbos a otros
universos, a existencias reales; es la parpadeante simultaneidad de una gran consciencia,
individual pero múltiple.
Me satisface enormemente poder
redactar acá esto, en nombre de un yo que en algún punto de las miríadas cósmicas
vive con la certidumbre de que es así
lunes, 11 de abril de 2016
corrección de estilo rápida a la obra de Lovecraft
en un procesador de textos, hacer una búsqueda de las
palabras hideous y unnamable/unutterable/unspeakable. Seleccionar “Eliminar”
sábado, 26 de marzo de 2016
creo que las palabras, en el aspecto metafísico, sirven para
que nosotros, pobres, atrapados entre ellas, podamos alinear nuestro sentir
interno con el cósmico, con el que nos queremos conectar. Es como llamar el
sentimiento a la superficie. Por eso he tomado la costumbre de pronunciar “gracias”,
cuando el abismo cotidiano momentáneamente se insufla de familiaridad, y exhala
algo entre lo cual el horror disminuye, e incluso permite figurarse una vaga
noción de ataraxia.
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