la irregular serie de televisión Orphan Black presenta el culto Neolution, en el que sus miembros
pretenden dirigir sus propios procesos evolutivos mediante modificaciones
físicas conseguidas a partir de injertos o afinamientos genéticos. Es una buena
síntesis de la histeria del “post-humanismo” y otras necedades por el estilo.
Recientemente el profesor de ciencia cognitiva Donald D. Hoffman apareció en
una publicación gringa hablando de cómo la ilusión de la realidad deviene de un
hecho evolutivo que de cierta forma niega un axioma darwiniano: que aquellos
individuos que mejor observaban y conocían la realidad fueron los más aptos
para sobrevivir y transmitir su información genética. El giro de Hoffman es que
la evolución nos condicionó para sólo poder observar aquello que es vital para
nuestra supervivencia. Según esto, se podría creer que el hombre primitivo percibía
una realidad diferente a su alrededor, que veía cosas que poco a poco fueron
difuminándose hasta terminar anegadas por las tinieblas de nuestra actual
consciencia. Así, los freaks del Neolution quedan igual de desposeídos y
privados que cualquier otro mortal, pues si la evolución responde a necesidades
basadas en una realidad a la que no podemos acceder, nunca podrá la consciencia
humana tomar las riendas de su “mejoramiento”. Ya el concepto de materia oscura
y la mirada frenética de los gatos hacia espacios “vacíos” nos hablaban de lo
inasequible.
También me parece que esto resulta estimulante para una imaginación lovecraftiana: personas primitivas con la capacidad de observar jirones de realidad ahora inconcebibles, incluyendo seres incomprensibles cuya fisionomía desbordaba las posibilidades del entendimiento tal como lo entendemos. Estos pobres ancestros tuvieron una vida corta y azarosa, perplejos y petrificados ante las ahora desvanecidas tonalidades de crepúsculos de una refulgencia inverosímil, ante los diferentes sonidos de los diferentes silencios rozándose, ante los entes que pululaban entre dos miradas que se buscaban entre esa multitud, ahora descorporizada y acallada. Esta ascendencia asolada por la saturación recibida a través de unos sentidos aún en proceso de calibrar la relación entre mente y cuerpo se eliminó a sí misma: agotada y desquiciada marchó colectivamente hacia el abismo. Sólo la nada les trajo paz. Sólo quedaron los miopes, los medio sordos, medio cretinos. Nosotros. La humanidad recibió con alivio la estulticia paulatina que le permitió ver sólo las flores, las hojas y los pájaros en el árbol. No lo demás