jueves, 28 de diciembre de 2017

cumpleaños del cuento de un diario

hoy se cumplen 36 años desde que Cortázar escribió la primera entrada de su “Diario para un cuento” (he decidido que el texto y la vida de Cortázar son ficciones paralelas, por eso no pretendo objetividades del tipo “Hoy se cumplen 36 años de la fecha en la primera entrada de ‘Diario para un cuento’, de Cortázar”). A pesar todo el tiempo de amistad con Julito, me sorprende cuánto me hermana con ese texto que leí hace poco más de un mes. El año pasado escribí dos cuentos sobre la imposibilidad de escribir un cuento. Todo el mundo va a pensar que son variaciones de “Diario para un cuento”, y tal vez lo sean, tal vez se pueda demostrar que sí lo son mediante una complejísima teoría de la influencia de segunda, tercera, cuarta mano, por si a alguien le interesa desarrollarla. Al menos cuando leí “Sobre el arte de la novela” de Fogwill, hace unos cuatro meses, aún no terminaba de escribir el segundo cuento. Tal vez por eso ahí mismo lo mencioné en un pie de página: me entrego antes de la acusación. Qué cosa con esos dos, hermanos míos, muertos, con más vello facial y más idea que yo. Podría defenderme aduciendo sincronicidad o resonancia mórfica, pero en estas cuestiones la mejor defensa es porfiar. Es decir, seguir haciendo lo mismo hasta que sea todo como lo mismo en un ovillo enredado entre Fogwill, Cortázar y las demás decenas. La historia es un embudo.

Hoy se cumplen 36 años de ese texto escrito (no voy a redundar) unas semanas antes de que mi madre recibiera el aporte paterno para tenerme. Nací el mismo año en que nació el cuento de Cortázar, pero sólo porque me adelanté dos semanas y me salí y llegué el antepenúltimo día de 1982. Es decir, tengo 35...

En realidad leí el cuento el 27 de diciembre de 2017 y es ese el día en que escribo esto. Aún tengo 34 años, me quedan unas 28 horas para seguir teniendo 34. Antes de terminar de leer el cuento de Cortázar (sí es un cuento, refutarlo es una pérdida de tiempo), señalé el primero de febrero del próximo año en mi agenda. Pensé, “sería divertido escribir algo en el aniversario del inicio del cuento”. Es decir, señalé el primero de febrero para escribir el algo ese día y publicarlo al siguiente, el día de la primera entrada de “Diario para un cuento”. Pero terminé escribiéndolo hoy, en un afán inexplicable pero de alguna forma comprensible para quien haya leído el texto de Cortázar... Y ese hecho, creo, dice más sobre el efecto que el mismo tuvo en mí que cualquier otra cosa que pudiera yo escribir directamente. Por eso tenía que “revelar” las fechas verdaderas, aclarando de paso y sin intención cosas como que fue este el año en el que escribí dos cuentos sobre la imposibilidad de escribir un cuento. Pero sí, las preocupaciones tratadas de expresar en el primer párrafo de este texto son de ahora, en este año cuyo final llega como el rompimiento de la superficie del agua por parte de un casi ahogado.

Ya habiendo dejado salir esta viruta de nada de mi interior poco importa más esta noche. Voy a sentarme a meditar un rato y probablemente luego retome algún otro libro o empiece uno nuevo. Pero sí me queda algo sin resolver después de la declaración de fechas: ¿cuándo publico esto en mi blog? ¿Hoy? ¿Dentro del mes y pico?

Al final no fue ni lo uno ni lo otro, tuve que dejar el texto quieto para poder revisarlo en frío al día siguiente, que es hoy, o sea 28 de diciembre, a 14 horas de dejar de tener 34. Tal vez el absurdo afán de completitud que representa este último párrafo se justifique si se considera como una simpática apostilla sobre la neurosis de alguien que escribe. Nada más


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