sábado, 9 de noviembre de 2013


siento algo roto en mí cuando internamente se manifiesta una aversión cuando veo por ahí a alguna mujer embarazada.

La maternidad como identidad me parece poco más que un atún en el torrente biológico que se empecina en reproducirnos. Ese instinto que lleva a una madre a proteger, a refugiar a ese asesino, atracador, procurador, violador, que salió de sus entrañas, ¿es realmente lo que necesita una sociedad "civilizada"?

Qué duro ser mujer, no lo puedo imaginar; qué corto es el periodo de tiempo en que son deseables en esta sociedad bruta. Qué absurdo ser madre... ¿Cuánto de la identidad personal previa al alumbramiento persiste, después de éste, en la madre? ¿Y cuánto en el padre?

A una perra criolla le faltan las dos patas de atrás, y sin embargo, anda, pues su trasero está empotrado en una triangular y rudimentaria silla de ruedas, de evidente manufactura casera. La perra andaba y una señora cincuentona la llevaba de la correa. La señora consentía con amor a la perra después de cada cierto tramo recorrido. Deseé con angustia comprimir al mundo en un feto y hacer de esta mujer nuestra madre. Fuera la lógica de nuestra madre universal la compasión...


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