la "alegría", inseparable del tercermundismo mental, es una
de las cosas que más tiene jodidos a estos pueblos, ese ser atropellados sin
perder la zalamera y lambona sonrisa del rostro. Carnaval de babuinos,
ofreciendo el purpúreo culo.
La "alegría", atrofiante de crisis, que sume a las personas
en una estulticia automatizadora, imposibilita los grandes saltos del espíritu.
Sin novedades en el tercer mundo,
monótono y continuo como su clima sin estaciones.
Mejor la aceptación de la imposibilidad de verdadera
alegría. Ahora que lo recuerdo, según Žižek, este es el ánimo detrás de la Oda
a la alegría, de Beethoven