los números, ya entrados en los miles, son inconmensurables
mentalmente. Para los antiguos griegos, para gran cantidad de tribus indígenas,
un número de más de cuatro cifras no tenía ninguna utilidad, o simplemente no
existía dentro de sus culturas, pues no representaba nada que ellos pudieran
reconocer en su realidad. Mucho de algo era simplemente mucho, la cantidad
precisa inasible como un líquido.
La tapa sobre la pobreza de un país, se cae cuando se mueve
la tierra. Lo que queda expuesto: cifras.
Everest, forja de leyendas. Las leyendas necesitan ser
unitarias, o al menos, del número más reducido posible; por eso el mito redujo a
los guerreros espartanos al inverosímil número de trescientos. En todo caso,
morirse no es algo que se quiera hacer demasiado acompañado, especialmente
cuando se escala un monte de casi nueve mil metros para inscribir el nombre de
uno en un libro (un tomo cada vez más gordo y menos legible).
Leyendas con nombres emborronados. Gente pobre que nunca sintió
el llamado de la bestia vertical. Todos bajo el mismo cúmulo ensordecedor, bajo
signos enmudecedores, que aunque representables, son tan inconmensurables como
siempre, y por lo tanto, carecen del poder para verdaderamente conmover: 4.200
27 de abril de 2015
No hay comentarios:
Publicar un comentario