mucho he leído que se clasifica al pensamiento de Nietzsche
como ‘peligroso’, desde Sloterdijk hasta su ínclito rescatador e intrusivo
traductor al inglés, Walter Kaufmann. Creo comprender el peligro al cual se
refieren, pero también creo percibir otro, más insidioso. Esta tentativa percepción estaría respaldada
por el estado físico de mi Basic Writings of Nietzsche, adquirido de segunda
mano, copiosamente subrayado por algún pulso trémulo de entusiasmo pueril, intoxicado por el insólito efecto de la prosa del autor en cuestión: sentir que
a pesar de sus exaltaciones y sus imperativos, Nietzsche susurra al oído del
lector, como haciéndolo partícipe de la más íntima cofradía, como si alguien
estuviese atisbando por primera vez la bella e incomprendida esencia de ese lector. Tal fue el caso de mi
anónimo subrayador, que con una inocencia rayana en el patetismo, escribía me! al margen de algunos pasajes. Un
lector como éste se esfuerza barbaridades por merecer su puesto en ese grupo
selecto en donde cree que se encuentra, y después del fracaso, del desengaño,
de las alharacas inútiles, de los lastimeros berrinches y pataleos, humillado, humbled, abandona la periferia para
regresar al centro, con sus congéneres, a quienes nunca debió haber dejado. Pero
no se desplaza, porque no se había movido en primer lugar, como si todo hubiera
ocurrido en una de las habitaciones de James Turrell, donde las formas y las
distancias no son más que un juego de luces. Para quienes lo observaron, no se
trató de nada más que de una "fase", como cuando los adolescentes se perforan
la lengua o dicen ser bisexuales; entonces, el lector, congestionado, se deshace
de su libro, vendiéndolo a precio de papel reciclable (ahí entro yo,
comprándolo en un punto medio de la escala de precios)
miércoles, 12 de noviembre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
intencionalidad
según las teorías de la semántica y del sentido común, uno no puede comunicarse
consigo mismo de la forma tradicional ( | → | ), pero entonces ¿cómo describir el
proceso de convencerse a uno mismo de algo, de cambiar de sentir y/o parecer? Al respecto me asalta lo enigmático de esa postura tan femenina de "sentirlo" en
oposición a "pensarlo" para llegar al "saberlo". Ya que tanto he
sufrido de malestares femeninos*, trato de al menos ubicarme en el
supuesto de poseer esa sorprendente habilidad. Ya. No sé si lo sentí o lo
pensé, pero someramente lo contra-describo así: el cuerpo entero interpreta
(creo que es lo que mi colon ha hecho desde hace años) pero no sólo desde el
cerebro... y los significantes lingüísticos son aniquilados. No hay referente,
pero sí comunicación. Más allá no sé/no hay
______________
* Remitirse a mi historial médico, extenso anexo de mi biografía.
lunes, 13 de octubre de 2014
la "alegría", inseparable del tercermundismo mental, es una
de las cosas que más tiene jodidos a estos pueblos, ese ser atropellados sin
perder la zalamera y lambona sonrisa del rostro. Carnaval de babuinos,
ofreciendo el purpúreo culo.
La "alegría", atrofiante de crisis, que sume a las personas
en una estulticia automatizadora, imposibilita los grandes saltos del espíritu.
Sin novedades en el tercer mundo,
monótono y continuo como su clima sin estaciones.
Mejor la aceptación de la imposibilidad de verdadera
alegría. Ahora que lo recuerdo, según Žižek, este es el ánimo detrás de la Oda
a la alegría, de Beethoven
sábado, 11 de octubre de 2014
a Wittgenstein le preocupaba sobremanera que sus aforismos
estimularan el pensamiento autónomo en los demás. Joyce dijo alguna vez, no
recuerdo si acerca del Ulises o del Finnegan's Wake, que esperaba mantener
ocupados a los académicos durante trescientos años. Tal vez lo dijo en broma,
pero creo que es algo que realmente refleja su obra. En todo caso, entre ambos
métodos para generar pensamiento, prefiero el de Wittgenstein
Bogotá lleva cuatro días cobijada por una sola, monolítica
nube gris. Esta mañana sentí que por un lado, me envolvía esa pátina del cielo,
y por el otro, las lecturas acerca de la escalera ética hacia el silencio de
Wittgenstein, de los designios de la voluntad de Schopenhauer, del cáustico y
adamantino compromiso de Nietzsche, de la sorprendente lucidez de Bergson con
respecto al tiempo y la mente. Entre otros. Ambos lados me envuelven en el
capullo donde se gesta mi inexorable transformación. Ahora hasta el dolor de mi
amor perdido posee el aroma celestial del petricor en la lejana madrugada
guayaquileña
martes, 5 de agosto de 2014
Camila, la mamá de John Berryman y yo
if being bored accounts for a lack of inner resources, being lovesick accounts for a lack of inner and outer resources
viernes, 1 de agosto de 2014
Adagio en sol menor, Albioni
padre, no poseemos órganos para vernos sentirnos oírnos a través de toda esta inexplicable materia, ese este abismo sin distancia ni tiempo. Pero sé que eres ahí, y aquí
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