escribir sirve, porque tan pronto como uno empieza a poner por escrito los pensamientos que durante todo el fustigante día pulularon alrededor de la jeta como esos mosquitos lame-ojos, tan pronto uno ve ese concatenamiento cruel, inmisericorde (es decir, lo escrito), uno repara en el propio enanismo conceptual, y se da cuenta de que tiene que escribir un cuentico o hasta una novela para poner a circular esas pequeñeces que no sirven como base sino a duras penas como arabesco
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