la literatura no va a morir pronto. Su posición en la sociedad de consumo (la cual imperará hasta la próxima evolución) tendrá algo de análogo con lo que sucede hoy con lo ecológico: la "conciencia ambiental" fue asimilada por el mercado, y ya se da por sentado que las nuevas empresas y productos serán "amigables con el ambiente", lo que en realidad sería "amigables con nosotros mismos", pues el ambiente no nos necesita; a duras penas nos tiene en cuenta...
Toda esta eco-ética, por supuesto, no son más que paños de agua tibia, ni mucho menos lo suficiente como para salvarnos. Pero el punto es el siguiente: . Y en cuanto a lo antes mencionado: el vocabulario de la ecología, o al menos su ABC, ya se introdujo en la consciente colectivo, tal vez descentrando así fuera un ápice al implacable antropocentrismo. Esto tiene más de logro espiritual que práctico, pero es algo, tiene alguna consecuencia...
Asimismo, cuando toda una generación empiece a presentar síntomas de un Alzheimer precoz, y tal vez una minoría élite de pseudo-luditas empiece a sentir alguna nostalgia por las cosas que alguna vez caracterizaron la experiencia humana en sus aspectos más sociales, tan disminuidas por el síndrome de atención acortada hasta el punto de tornar las relaciones inter-personales prácticamente insostenibles, los médicos empezaran a recetar la lectura como tratamiento, como terapia...
Pero entonces, ya no será la literatura la más íntima de las artes, sino un mecanismo de concatenación sígnica útil para re-asentar un poco esas conexiones neurales gelatinizadas por la tecnología...
Mas sin embargo, el acto o ejercicio de lectura entrará en la cotidianidad, será algo esperado, bien visto, como las señoronas que salen a caminar o que hacen aeróbicos o yoga nivel principiante en la sala de su casa. Entonces, con el acto en sí arrumado en la esquina de alguna habitación, existe la posibilidad de que el individuo, el niño, la joven, el despierto, la pensante, lo recojan un día como a un chiro sucio olvidado y en seguida se intoxiquen con el vaho de éste: advenimiento catalizador para el a veces milagroso ímpetu humano... y la distancia que se abrirá entre el que lee su librito de farmacia y el que lee la obra de Dostoievski será la misma que hoy existe entre el que compra huevos empacados en cartón reciclable y el que se convierte en miembro de Sea Shepherd
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