justo cuando la sensibilidad y el
intelecto del hombre agnóstico se empiezan acostumbrar a la idea de
la eventual extinción del yo, ahora se introduce la noción de la
extinción de toda la especie, es decir, de la memoria. La muerte de
la posibilidad de vivir en otros. La supervivencia de códigos que ya
no tendrán intérprete. Qué cultura inventar para no pensar en eso,
Sr. Freud.
Vamos a perecer de capitalismo y
tecnología, tal como se entienden ahora, a principios del siglo XXI.
La persistencia de los códigos se
ejemplifica muy bien en el uso de los números romanos para designar
siglos. Sus verdaderos usuarios están muertos, pero aún existe la memoria,
es decir, nosotros.
La noción de “salvar al planeta”
es un síntoma de aquello mismo que nos destruirá. El arrogante
antropocentrismo. El planeta no nos necesita. El planeta no nos teme.
El planeta puede asimilar el plástico y el poliestireno y hacerlos parte
de su sistema. Pero nosotros no sobreviviremos en ese nuevo planeta
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