me trago, con fruición, mis apresuradas palabras sobre
Bolaño, basadas solamente en algunos cuentos irregulares. Es este un libro excelente,
que se las arregla para ser descendiente directo de Historia Universal de la
infamia sin dejar de ser algo propio. Dédalo pletórico de imbricaciones
imaginativas, divertidas y trágicas, mínimas y enormes. Síntesis apócrifa de
lectura obsesa y gozosa. Veamos qué sigue
lunes, 27 de febrero de 2017
miércoles, 25 de enero de 2017
Asghar Farhadi
disponer del círculo achatado,
con todos los recorridos posibles ya realizados. Decantar hasta llegar a un
camino por persona, señalando con tachuelas todos los puntos de convergencia.
Estructurar tales narrativas una a la vez, perspectiva en la cual nos encierran
nuestras percepciones. Ascender con él hasta alturas que son inconcebibles,
porque no son místicas, sino profundamente
humanas. Desde ahí, ver el gran diseño que nos urde, que nos encuentra, chocha
y roza los unos con los otros; resquebrajamiento del solipsismo ineludible en
las urbes del hoy: todos traen su historia por detrás de su conciencia y la
siguen adelante; en algún punto del recorrido: nosotros, quizás por algo.
Sería atronador figurarse la historia de cada pasajero del bus en hora pico, pero sí se puede invocar una hipotética particular cuando la discordia se cierne, para anteponerla a ésta. Ser meta-demiurgos, llegar a alcanzar la mirada ecuménica de Farhadi, cuya obra, como poquísimas, increíblemente ayuda a ser ser humano
Sería atronador figurarse la historia de cada pasajero del bus en hora pico, pero sí se puede invocar una hipotética particular cuando la discordia se cierne, para anteponerla a ésta. Ser meta-demiurgos, llegar a alcanzar la mirada ecuménica de Farhadi, cuya obra, como poquísimas, increíblemente ayuda a ser ser humano
jueves, 19 de enero de 2017
el optimismo debe ser abolido
antes de que sea demasiado tarde.
El optimismo cargado de
certidumbres religiosas, luego transfiguradas en grisáceas certidumbres
morales, que impulsó a las personas a insensatas expediciones que en aislados casos
se tradujeron en bienestar para la tribu, no tiene lugar en el futuro que ya se
vive.
El pesimismo separó almas como la
de Gottfried Benn de los sanguinarios optimistas nazistas, antes de que fuera
demasiado tarde.
Luego de que se consolide la
segunda revolución industrial, la de la inteligencia artificial, y el papel de
los hombres y las mujeres se reduzca al de supervisores de la maquinaria, y después,
cuando ya ni este rol sea necesario, el único recurso que le quedará a la
humanidad para seguir siendo viable será el de emular a los cortesanos del período
Heian, en quienes la melancolía era casi un requisito, y para quienes deambular
ponderando los espasmos y desgarres implícitos en la condición mortal,
saboreando la transitoriedad de las cosas, era noble.
Y si en un futuro aún no vivido
la muerte llegara a ser cancelada, y si esta perpetuidad les fuera impuesta
incluso a los más sensatos de entre nuestros descendientes, andar la tierra muy
despacio, casi como árboles, lamentando la falta de ímpetu, de pasión y hasta
de miedo; olvidando el significado de esas palabras, preguntándose si alguna vez
las cosas fueron diferentes. Finalmente, asentarse en algún rincón,
enmoheciendo hasta devenir en extraños minerales que alguna vez se peinaron,
vieron partidos de rugby, lloraron en el cine y soñaron. Seremos cosas, pero
completas, y con dignidad.
Todo esto, pero nunca una
certeza, aparte de que no hay mejor
lunes, 2 de enero de 2017
no hay que olvidar que el tiempo es espacio, y que el año
pasado fue sólo una vuelta (también en el sentido de ride, como lo decía Bill Hicks).
Muchas cosas invisibles fueron mordisqueando en su tránsito esta doliente esfera achatada que somos (porque somos ella, aunque el histérico megalómano de Elon Musk quiera hacer creer lo contrario).
Muchas cosas invisibles fueron mordisqueando en su tránsito esta doliente esfera achatada que somos (porque somos ella, aunque el histérico megalómano de Elon Musk quiera hacer creer lo contrario).
Si fue un año devorador de dioses, fue aniquilador de
anónimos. Ya no tenemos Amparo: uno de los tantos nombres perdidos, pronunciados
en vano ante la crepitación con la que arde el mundo todo.
Treintayuno de diciembre, alrededor de las once a.m.
Treintayuno de diciembre, alrededor de las once a.m.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
alguien que es un malthusiano que se toma en serio la
propuesta de Swift. Alguien que cree que el antinatalismo desborda las páginas
del horror ontológico contemporáneo para perfilarse como una filosofía válida y
necesaria. Alguien que comparte con Fernando Vallejo la idea de la reproducción humana como un crimen (sin toda la demás peroratería inútil y monótona). Alguien que
detesta a las personas por su potencial desperdiciado. Alguien a quien zahiere
eso que los demás nunca sabrán que los lastima y disminuye. Alguien compasivo.
Dispepsia
miércoles, 4 de mayo de 2016
la irregular serie de televisión Orphan Black presenta el culto Neolution, en el que sus miembros
pretenden dirigir sus propios procesos evolutivos mediante modificaciones
físicas conseguidas a partir de injertos o afinamientos genéticos. Es una buena
síntesis de la histeria del “post-humanismo” y otras necedades por el estilo.
Recientemente el profesor de ciencia cognitiva Donald D. Hoffman apareció en
una publicación gringa hablando de cómo la ilusión de la realidad deviene de un
hecho evolutivo que de cierta forma niega un axioma darwiniano: que aquellos
individuos que mejor observaban y conocían la realidad fueron los más aptos
para sobrevivir y transmitir su información genética. El giro de Hoffman es que
la evolución nos condicionó para sólo poder observar aquello que es vital para
nuestra supervivencia. Según esto, se podría creer que el hombre primitivo percibía
una realidad diferente a su alrededor, que veía cosas que poco a poco fueron
difuminándose hasta terminar anegadas por las tinieblas de nuestra actual
consciencia. Así, los freaks del Neolution quedan igual de desposeídos y
privados que cualquier otro mortal, pues si la evolución responde a necesidades
basadas en una realidad a la que no podemos acceder, nunca podrá la consciencia
humana tomar las riendas de su “mejoramiento”. Ya el concepto de materia oscura
y la mirada frenética de los gatos hacia espacios “vacíos” nos hablaban de lo
inasequible.
También me parece que esto resulta estimulante para una imaginación lovecraftiana: personas primitivas con la capacidad de observar jirones de realidad ahora inconcebibles, incluyendo seres incomprensibles cuya fisionomía desbordaba las posibilidades del entendimiento tal como lo entendemos. Estos pobres ancestros tuvieron una vida corta y azarosa, perplejos y petrificados ante las ahora desvanecidas tonalidades de crepúsculos de una refulgencia inverosímil, ante los diferentes sonidos de los diferentes silencios rozándose, ante los entes que pululaban entre dos miradas que se buscaban entre esa multitud, ahora descorporizada y acallada. Esta ascendencia asolada por la saturación recibida a través de unos sentidos aún en proceso de calibrar la relación entre mente y cuerpo se eliminó a sí misma: agotada y desquiciada marchó colectivamente hacia el abismo. Sólo la nada les trajo paz. Sólo quedaron los miopes, los medio sordos, medio cretinos. Nosotros. La humanidad recibió con alivio la estulticia paulatina que le permitió ver sólo las flores, las hojas y los pájaros en el árbol. No lo demás
jueves, 21 de abril de 2016
Blanqui, desde luego, estaba en
lo cierto. Un universo alterno se crea a cada femtosegundo, debido a algún
estado particular de consciencia en cada uno de los individuos existentes, a
cada minúscula bifurcación en donde lo que es genera un negativo. El colapso de
la función de onda en los sistemas microscópicos es un croquis del cosmos
oculto; el principio es el mismo. La expansión del universo se debe al empuje
de esa frenética proliferación de existencias, de la misma forma en que la
grasa estira la piel de alguien que engorda. Es menester, entonces, clasificar
el pensamiento en dos grandes vertientes; el primero es el pensamiento propio
al universo en el que se da, con todas las sub-categorías kantianas, peircianas
y demás. La segunda consiste en aquellas proyecciones que hacemos de nosotros
mismos en alguna situación deseada o temida. Se tratan de atisbos a otros
universos, a existencias reales; es la parpadeante simultaneidad de una gran consciencia,
individual pero múltiple.
Me satisface enormemente poder
redactar acá esto, en nombre de un yo que en algún punto de las miríadas cósmicas
vive con la certidumbre de que es así
Suscribirse a:
Entradas (Atom)